
Otra Semana Santa que se nos fué. Adios al olor a Azahar, adios a recorrer hasta el callejón más escondido de mi Sevilla.
Adios a la semana de las sensaciones y de los sentimientos.
Adios a las nubes de incienso.
Adios a ese placentero dolor de riñones y pies. Adios a los bocadillos y las latas.
Desgraciadamente, adios al respeto, a ponernos todos de acuerdo para guardar silencio.
¿Puede haber alguna semana en el año más maravillosa que ésta?La Semana Grande de Sevilla.
Acordarse de los amigos que salen de costaleros y nazarenos y llevarles un poco de agua.
Comentar los lugares donde "yo ví ésta y tú aquélla".
Defender nuestras Hermandades ante otras con ese arte que nos da la ironía andaluza.
Ver los ojos de la penitencia, los cuellos del sufrimiento, las lágrimas de la impotencia...
Y se nos va con este amargo sabor de las que se nos han mojado y las que se han quedado en casa. No parece que ya haya pasado.
Esa puerta de San Lorenzo cerrándose. Salud, y hasta el año que viene.
Sólo nos queda pensar que ya queda menos para la próxima.
Con el "corasón encojío", adios Semana Santa.